Quince años aprendiendo a no interrumpir.
Empecé fotografiando celebraciones familiares y descubrí que el oficio no era encuadrar mejor, sino leer mejor: saber cuándo acercarse, cuándo quedarse quieto y cuándo simplemente guardar la cámara.
Hoy trabajo junto a planners y equipos de producción en Colombia y en destinos internacionales, con la misma rutina: escuchar, anticipar y proteger la experiencia.
Detrás de cada cifra hay familias que confiaron su día: parejas que llegaron como clientes y se fueron con la sensación de que alguien las había visto de verdad.

